La vida esta llena de obstáculos que saltar. Algunos vienen impuestos por la casualidad o por la causalidad, pero esos son los menos importantes de todos. Los peores obstáculos son los que nos ponemos nosotros mismos.
Cuando hacemos ejercicio aprendemos que hay un momento en que nuestra mente nos juega una mala pasada y nos anima a abandonar. Sin embargo si somos capaces de pasar esa prueba sentiremos como podemos llegar hasta donde queramos, nuestro único limite será nuestra energía. La sensación de la superación es como un chorro de energía que te empuja hacia arriba.
Las barreras mentales no solo existen para cuando hablamos de esfuerzo físico, también las vemos en gente que no se atreve a hacer cambios en su vida por miedo a “la nada”. Es una pena que no nos enseñen a controlar nuestra cabeza, pero ahí que cada palo aguante su vela.

Fui a comer con un amigo a un sitio que les recomiendo a aquellos que disfruten de la comida. Se llama Clandestino y está en Las Palmas de Gran Canaria. Es un lugar donde encuentras platos diferentes, por que para comer como siempre como en mi casa. No es apto para:
- Gente que pide un solomillo y comete el crimen de pedirlo bien hecho.
- Gente que busca bichos en la comida (como dice la madre de mi amigo Ulon, si buscas bichos los encuentras… idiota, añado yo).
- Amantes del Pepe Chiringo, Burger King y McDonald, vosotros seguir a lo vuestro que es “comeh comiah”.
- Si tu hijo se llama Kevin Costner de Jesus, Cristiano, etc, aunque probablemente seas un subconjunto del punto anterior.


Cada vez me gusta más la fotografía.

He tenido una semanita de reflexión interesante. Mi conclusión de la experiencia vivida es que llorar por llorar es una acción negativa para tu estado de ánimo.
Es como echar más leña a la tristeza, y solo hace cargarte de energía negativa. Llorar es solo un acción válida cuando funciona como válvula de escape de tus sentimientos, pero si eres capaz de controlar ese impulso podrás seguir adelante sin ningún problema.
La alegría y la felicidad nos llenan de endorfinas, la llamada hormona de la alegría, mientras que el llorar incontroladamente nos sume aún más en la desazón y la oscura tristeza.

Cuando voy con el carro de la compra por el hipermercado y me acerco a los pasillos de las figuritas de cristal esas que “casi” todos odiamos, siento el impulso irrefrenable de lanzar mi carrito contra los estantes y destrozarlo todo.
Esas figuras cuyo valor decorativo estaba bien en la época del rococó, pero os juro que yo solo de pensar en tener que limpiar toda esa mierda me dan hasta fatigas. Simplemente pienso que soy un salvador destruyendo esa basura, ya que así nadie cometerá el pecado de regalarle a otro pobre ser humano una inmundicia así. Me imagino la cara de la señora de la limpieza que limpia esos pasillos pasando de la sorpresa por el estruendo a la alegría al ver que le acabo de ahorrar mucho trabajo para mañana.

Este es el día más corto de todos, pero también fue uno de los que más me gustó.
La visita era obligada, la zona de compras por excelencia. Camden Town.

No te entretengas en las primeras tiendas, camina por la calle hasta llegar a cruzar el puente y entrar en la zona de “los establos”. Son unos antiguos establos, una zona enoooooooorme de tiendas y puestos. Hay de todo, también muchas tiendas en las que se repite el material, las mismas camisetas, etc. Aquí te encuentras los sueters que había en la tienda de souvenirs de Picadilly Circus por casi la mitad de precio, por poner un ejemplo. Pero lo que hace especial a esta calle es sobre todo el ambiente, gente muy variopinta, casi tanto como otras tiendas como Ciberdog, u otras dedicadas a ropas góticas, ropas militares, etc.

Te gastarás toda la mañana, es más en mi opinión vale la pena almorzar en cualquiera de los mil y un lugares que rodean el pequeño río y seguir un ratito por la tarde si es que no llegas temprano.
Aquí acabo nuestro viaje, mi cuerpo no dio para más. La tarde la dedique a atorrar, a la mañana siguiente hicimos el check out del hotel y paseamos por el hotel encontrándonos de casualidad con la catedral de Westminster que entramos a ver. Un bonito viaje para repetir.

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