Haciendo memoria… El buen comer
El otro día se reprodujo una de mis mayores perretas con motivo de un almuerzo. Los platos eran solomillo o cherne, yo en contra del pescado tengo mi aquel por varias razones, pero eso sería para rellenar un post que en otro momento haré.
El solomillo vino preparado, es decir me plantaron un plato en la cara sin preguntarme como lo quería. Estaba más pasado que la jeta de Sara Montiel, vamos aquello era como meterle un mordisco a mi chaqueton de piel y eso no es del agrado de absolutamente nadie.
En la mesa se sucedieron, como otras tantas veces en las que voy con un grupo de humanos, una serie de comentarios sobre como les gustaba a ellos el solomillo, unos muchos decían que ellos “no podían ver la sangre”. Yo que intento no meterme en camisas de once varas más de lo necesario me callé en aquel momento, pero, ¿es que la gente no entiende que un solomillo pasado es como un bistec normal y corriente?, ¿a que coño van estos individuos a malgastar un solomillo pasandolo ¡joder!? echese un bocadillo de calamares oiga, que es lo que le pega.
Os lo juro si yo fuese cocinero y dueño de un restaurante, en mi restaurante no se servían solomillos pasados, por favor eso va contra natura. Ustedes se han preguntado ¿por que un bistec es delgado y un solomillo es grueso? pues la razón esta en el jugo y en la calidad, un solomillo puede permitirse el grosor ese y un vulgar bistec NO, intentalo para que veas lo que te ocurre.
Así que haced el favor de dejar al solomillo “en su punto”, y dejaos de jugar a “gourmets” pidiendo solomillos cuando despues lo pedís pasadísimos como el potorro de cualquier folklórica, o iros al MakPlastifikados.
Saludos cordiales.






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