Haciendo memoria… Cine en la calle
Hay momentos en la vida de uno que parece que los planetas se hayan alineado para ofrecerte un momento de esos especiales.
Un miércoles de esos y después de una jornada intensiva de trabajo aderezada con unas horitas de clases en el conservatorio (trabajo y me ha dado por estudiar, estoy un poco enfermo lo se) llegue a casa a eso de las nueve de la noche. Aproximándome a la última curva para alcanzar mi calle noto un extraño olor en el ambiente, como a chamusquina. Efectivamente al enfilar la misma observo un camión de bomberos, lo primero que pienso es que el personaje que tiene una especie de chabola cerca de mi casa le ha pegado fuego.
Aproximo mi coche al garaje y cuando bajo del mismo para entrar en mi casa, escucho una frase que me pone los pelos como tachas: “No hay CORRIENTE, se quemarón unos cables de alta tensión“, a más de uno le dará igual y solo pensará en la televisión, pero para mi el drama se centra en no poder entrar a ver el estado de la “Auction House” del World of Warcraft y recibir mi ración diaria de Internet.
Con mi cerebro en ebullición intentando asimilar esta situación se abre un pequeño rayo de esperanza… en casa de mi novia si hay luz, allá nos dirigimos pero como bien dice un amigo mio “en la casa del pobre la alegría dura poco” y nos cortan el suministro eléctrico para solucionar el problema al poco de estar allí.
Cuando todo parece que va a acabar en una terrible noche sin electricidad y siendo bastante tarde, decido retirarme a descansar. Al bajar a la calle descubro una especie de trifulca, al principio creí que era un grupo de colegas haciendo el gilipollas, uno de ellos llevaba una guitarra así que pensé que en cinco minutos estarían cantando con una litrona pasando de boca en boca y echándose unos canutos.
Me mantengo observando, cual alcahueto, que es el deporte preferido en este barrio, y veo que alguién baja a toda prisa de uno de los portales blandiendo un palo, ¡me cago en diez!, estos no son tan colegas me parece a mi. Efectivamente palo y guitarra danzan acompasadamente en busca de la cabeza de alguien, empujones, puñetazos al aire, gritos y mucho barullo se suceden.
Al principio te quedas en estado de shock, pero al poco ya te sale la vena de novelero. Casualmente veo a una chica del barrio que hacía mucho que no saludaba, ella estaba entre mi cuerpo humano y el grupo de “colegas”, pero no la había visto hasta pasado minutos. Esta es la excusa perfecta para enterarse uno de algo más, hacia ella me dirijo preguntándole primero por el asunto de semejante alboroto y después por su vida, claro.
Es que la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, al final no me lo pasé tan mal sin electricidad.






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